Todo parte de una fórmula: CO2 + H2O
= C6H12O6 + O2. Es decir,
óxido de carbono + agua dan azúcares + oxígeno. Es la fórmula base de
la función vegetal esencial: la fotosíntesis.
Los azúcares producidos son después
utilizados por la respiración para liberar la energía necesaria para
todas las funciones de la planta. Además, estos azúcares participan
también en la construcción de la estructura vegetal.
¿Por qué enriquecer?
Así pues, sin fotosíntesis no es posible ni
la producción de biomasa ni el desarrollo. Los factores que limitan la
fotosíntesis son el agua y el CO2, elementos base, pero
también la luz, fuente de energía que permite la síntesis de los
azúcares.
En condiciones normales de cultivo, el agua
no es nunca un factor limitador, salvo que se quiera por una razón
técnica (favorecer la floración, por ejemplo). Por contra, la luz
puede serlo, durante los días grises de invierno, entre otros. Pero,
globalmente, bajo el invernadero, el factor limitador más frecuente es
el CO2. Esto es así por dos razones esenciales: la primera
es que la fotosíntesis absorbe el óxido de carbono y desprende oxígeno,
lo que hace bajar automáticamente la parte proporcional de óxido de
carbono en un medio confinado.
La segunda razón es que la atmósfera contiene
de forma natural alrededor de 350 ppm (parte por millón) de CO2,
mientras que la proporción óptima para la fotosíntesis se sitúa, en la
mayor parte de vegetales, muy por encima de esta cifra. Con un nivel
de CO2 demasiado débil, la luz resulta mal aprovechada.
¿Cuándo enriquecer?
Un ejemplo: a 350 ppm, nivel normal de CO2,
y 200W/m2 de luz, la planta asimila 20 kg de óxido de
carbono por hectárea y por hora. Si el contenido en CO2 cae
a 100 ppm, la planta no asimila más de 10 kg de carbono por hectárea y
por hora.
Una hectárea de invernadero contiene
alrededor de 40.000 m3 de aire, es decir, 14 m3
o 27 kg de CO2 por una hora de fotosíntesis a 350 W/m2,
sin ventilación.
Para favorecer el crecimiento de las plantas,
es pues interesante recurrir a la fertilización carbonatada, que
consiste en enriquecer la atmósfera en CO2. Pero esto no
debe hacerse de cualquier manera. Cuando la luz es insuficiente, por
ejemplo. Por debajo de 50 W/m2, se debe introducir
iluminación suplementaria, si no, no sirve de nada el enriquecimiento.
Se debe prestar atención también a la aireación del invernadero: las
grandes aireaciones abiertas tienen la ventaja de evitar que la
atmósfera del invernadero descienda muy por debajo de las 350 ppm,
pero tienen el inconveniente de dejar escapar el CO2 que
sería aportado de más. A igual cantidad aportada, vale más enriquecer
con un porcentaje más bajo, durante unos periodos de tiempo más largos.
En verano, dado que la luz es más intensa, la necesidad de aporte es
ghmayor. Pero, como es necesario airear permanentemente, se deberá
utilizar un porcentaje bajo, para evitar pérdidas.
¿Cómo enriquecer?
Es posible instalar un sistema de
enriquecimiento en CO2 a partir de bombonas comercializadas
por la mayor parte de empresas especializadas en gas embotellado. Pero
también a partir del calor del invernadero se puede recuperar CO2.
En efecto, todas las energías que normalmente se utilizan lo
desprenden. Por ejemplo: el gas natural. Constituido de metano, CH4,
quema según la fórmula siguiente: CH4 + 2O2 = CO2
+ 2H2O.
Este óxido de carbono es en general enviado a
la atmósfera con humos y otros gases residuales de la combustión,
provocando, en parte, el conocido efecto invernadero. Es posible
recuperarlo para volverlo a inyectar en los invernaderos, lo que
permite una fertilización carbonatada gratuita.
Por ejemplo, la combustión de un m3
de productos de gas produce alrededor de 11 m3 de productos
de combustión, de los que 2 kg son de CO2.
Para llegar a niveles elevados, es decir
1.000 a 1.500 ppm, se deben inyectar de 70 a 100 kg de CO2
por hora por hectárea. Una potencia térmica de calefacción de 350 a
500 kW por hectárea es suficiente para conseguir este objetivo.
Teniendo en cuenta que son necesarios de 2.500 a 3.000 kW por hectárea
para calentar durante los momentos mas fríos del invierno, este
objetivo es fácil de conseguir.
Debemos hacer hincapié en que la inyección
del CO2 tiene que hacerse de manera controlada. Es
necesario dosificarla y los inyectores del invernadero tienen que ser
calibrados regularmente. Es importante que un especialista se encargue
de la instalación: él podrá posicionar los inyectores en el
invernadero de la manera más adecuada. C.E.
Ferreira de Castro. Horticom