- Existencia de
una excesiva cantidad de restos de la cosecha anterior, que
dificultan la implantación del cultivo siguiente.
- Encontrarnos
con residuos muy celulósicos, que harían previsible un bloqueo
provisional del nitrógeno del suelo ("hambre de nitrógeno").
- Disponer de
suelos con escasa actividad biológica o con facilidad para la
mineralización directa.
La técnica mas
conocida es la fabricación en "montón", que según Labrador y
Guiberteau (1991) se basa en tres principios fundamentales:
realización de una mezcla correcta, formación del montón con las
proporciones convenientes y un manejo adecuado.
Mezcla correcta
Los materiales
deben estar bien mezclados, homogeneizados y a ser posible bien
triturados, ya que la rapidez de formación del mantillo es
inversamente proporcional al tamaño de los materiales.
Debe mantenerse
una relación C/N adecuada (Labrador y Guiberteau, 1991); relaciones
demasiado altas retrasan la velocidad de humificación y excesivas
cantidades de nitrógeno ocasionan fermentaciones indeseables.
Las materias
primas empleadas en su elaboración pueden ser muy variadas, pero todas
deben ser ricas en celulosa, lignina y azúcares. De este modo,
utilizaremos restos de poda, paja, hojas muertas, etc., que contienen
las dos primeras sustancias citadas, siegas de césped, abonos verdes,
restos de hortalizas, orujos de frutas etc., que aportan la última.
También aprovecharemos las ortigas, malas hierbas, restos de cocina,
estiércol, etc. (Antón, 1992).
Formación del montón
Estos materiales
deben ser triturados y depositados en montones una vez elegido el
lugar de emplazamiento, aunque también el compostaje se puede realizar
en silos. Así, la ubicación del montón dependerá de las condiciones
climáticas de cada lugar y del momento en que se elabore: en climas
húmedos y fríos conviene situarlo al sol, al abrigo del viento y
protegido de las lluvias, y en zonas más calurosas se situará a la
sombra y también al abrigo del viento (Aubert, 1987).
El volumen del
montón será aquél que proporcione un equilibrio adecuado entre humedad
y aireación, y los agentes humificadores presentes en los materiales
de partida deben estar en contacto con los procedentes del suelo. Por
esta razón será mejor confeccionar el montón directamente sobre el
suelo, o bien intercalar entre los materiales vegetales algunas capas
de suelo fértil, impidiendo así el posible desarrollo de
putrefacciones.
En lo que respecta
al tamaño, diversas experiencias nos muestran que la altura mas
frecuente es de 1,5 m, la anchura de la base no superior a su altura y
con la longitud que se desee. La forma debe ser de cordón y la sección
triangular o trapezoidal.
Algún autor
recomienda colocar cada 2 o 3 metros de longitud una chimenea de
aireación, de forma cilíndrica y 20 o 30 cm de diámetro, que se
rellenará de material poco apelmazable, como ramas de poda, paja, etc.
También se aconseja, en algunos casos, cavar una zanja a todo lo largo
de lo que será la base del cordón, de 20 o 30 cm de ancho y profundo,
que igualmente se rellena de ramas; de esta forma se asegura el
drenaje.
A la hora de
confeccionar el montón conviene aplicar una capa delgada de mantillo
del año anterior por cada capa de 20 - 30 cm de espesor. Si no se
dispone de este mantillo viejo podremos utilizar estiércol bien maduro,
y a falta de ambos tierra de huerta con buen contenido en humus. Por
tanto estas capas delgadas podemos decir que actuan como levadura.
Al final del
proceso lo recubrimos con una capa vegetal para protegerlo del sol y
podemos añadirle fosfatos naturales que reducen las perdidas de
nitrógeno y enriquecen al suelo en este elemento, o realizar una
enmienda caliza si se trata de suelos muy ácidos.
Manejo adecuado
El montón debe ser
aireado frecuentemente y la humedad se situara entre el 40 y 60 por
100.
Durante los
primeros 15 días se alcanzarán temperaturas de 65 - 70 grados Celsius,
pero si se superan éstas habrá que regar para limitar el calentamiento.
Esta subida de temperatura es debida al desarrollo de actinomicetos
que segregan sustancias de naturaleza antibiótica bloqueadoras del
desarrollo de bacterias mineralizadoras. También se forman compuestos
húmicos del tipo "melaninas", que son precursores del humus. Al final,
por un proceso de pasteurización se eliminan los gérmenes patógenos y
parte de las semillas de plantas no deseables.
El volteo del
montón se realizara al pasar entre 4 y 8 semanas de su confección,
según la estación del año, el clima y las condiciones del lugar,
repitiendo la operación dos o tres veces, separadas a su vez cada 15
días, y siempre invirtiendo las capas. Transcurridos aproximadamente 2
o 3 meses dispondremos de mantillo joven aplicable a la superficie
del suelo ligeramente enterrado.
Otra modalidad en
la fabricación del mantillo es la llamada "compostaje en superficie",
consistente en espaciar sobre el terreno una delgada capa de material
orgánico finamente dividido, dejándolo descomponerse y penetrar poco
a poco en el suelo. Este
material sufre así
una descomposición aerobia, y asegura al mismo tiempo la cobertura y
protección del suelo, aunque tiene el inconveniente de que las
pérdidas de nitrógeno son superiores, pero se compensan al favorecer
la fijación del nitrógeno atmosférico.