Cultivo sin suelo
Consideraciones preliminares
El Cultivo Sin Suelo (CSS), en su acepción más amplia, incluye todo
sistema que hace crecer a las plantas fuera de su ambiente natural: el
suelo. Con el objeto de sistematizar el estudio de esta nueva tecnología
pueden hacerse dos grandes grupos de sistemas:
Aquellos que utilizan un sustrato, diferente del suelo, en el que se
desarrollan las raíces. Valgan de ejemplo la arena, la perlita, la lana
de roca, la fibra de coco, la turba etc.
Aquellos otros que desarrollan su sistema radicular directamente en
una solución nutritiva (agua y sales minerales) convenientemente
oxigenada (hidroponía) o en una atmósfera saturada de solución nutritiva
(aeroponía).
Algunos autores incluyen en el concepto de hidroponía los cultivos
que se hacen en sustratos, química y biológicamente, inertes.
Probablemente lo más correcto sea emplear la denominación CSS y a
continuación la del sistema al que se hace referencia. Por ejemplo: CSS
de tomate en sacos con perlita. CSS de melón en cubetas con fibra de
coco. CSS de pimiento en canaletas con arena.
Otro aspecto diferenciador muy importante que delimita claramente los
sistemas de CSS hace referencia a la forma en que se maneja la solución
nutritiva. Se puede distinguir entre:
Sistemas en que se recircula la solución nutritiva. Hay que hacerlo
obligatoriamente cuando no se utiliza ningún sustrato como soporte
físico. En estos casos el riego debe de ser continuo. Los sistemas con
sustratos inertes también pueden utilizarse para recircular la solución
nutritiva.
Sistemas que trabajan a solución perdida y que utilizan un sustrato
como soporte físico. En este caso, al disponer de una reserva de agua,
el riego se hace discontinuo.
Sistemas intermedios en que un determinado porcentaje de la solución
nutritiva drenada se recircula y el resto se desecha.
El Cultivo comercial de hortalizas en sistemas de CSS está
ampliamente desarrollado en Europa. En Holanda, y el norte de Europa por
extensión, predominan los sistemas en tablas de lana de roca con un alto
porcentaje de superficie que se recircula la solución nutritiva. Los
sistemas de hidroponía (NFT) están muy poco extendidos y es en el Reino
Unido donde existe una superficie más significativa.
En España los CSS se concentran en el sureste de la península (Granada,
Almería, Murcia y Alicante) y en las Islas Canarias. La superficie
estimada es de unas 3.000 Ha. El cultivo en sacos de perlita y en tablas
de lana de roca acaparan entre el 75 y el 85 % de la superficie de CSS.
El resto de la superficie se reparte entre el cultivo en fibra de coco,
tanto en sacos como en cubetas, el cultivo en “salchichas” de arena
fabricadas in situ y el cultivo en canaletas de perlita. Se cultivan
especialmente hortalizas de verano tales como tomate, pimiento, pepino,
judía verde, melón y sandia. En menor cantidad se cultivan algunas
especies florales como gerbera, clavel, rosas, etc.
Los costes de producción de hortalizas en sistemas de CSS no son
necesariamente mayores que en un sistema tradicional. La valoración debe
de hacerse en el entorno en que el sistema se implante. Así por ejemplo,
en Almería la forma tradicional de cultivar hortalizas ha sido el
sistema de enarenado y los costes de implantación del enarenado son
comparables a los costes de implantación de un sistema de CSS.
Las razones por las que un sistema de CSS puede resultar ventajoso,
frente a un sistema tradicional de cultivo en suelo, son:
Contaminación del suelo por patógenos de difícil erradicación (nematodos,
fusariosis).
Disponer de un suelo de muy malas cualidades físicas, drenaje
deficiente, o químicas, exceso de caliza activa.
Mejorar el manejo del riego y de la nutrición y por lo tanto
conseguir un aumento en las producciones o en las calidades de las
cosechas.
Los sustratos
Muchos materiales pueden ser utilizados como sustratos para el CSS.
Desde un punto de vista comercial es muy aconsejable promover sustratos
que tengan un bajo coste y un fácil aprovisionamiento. La
características físico-químicas del sustrato deben de ser homogéneas y
estables durante el tiempo que se considere como vida útil del mismo.
Existe numerosa bibliografía sobre la caracterización de sustratos y
a ella hay que remitirse para profundizar sobre el conocimiento de esta
materia. Desde un punto de vista práctico hay que resaltar que la
densidad aparente, y por lo tanto el porcentaje de porosidad, es el
parámetro más importante que define las cualidades de un sustrato. Este
valor está estrechamente ligado con la granulometría (Indice de Grosor)
y entre ambos delimitan la capacidad de retención de agua, en equilibrio
con el aire, que un sustrato puede almacenar. La Capacidad de
Intercambio Catiónico (CIC) es una característica química muy ligada a
los sutratos de origen orgánico y que tiene una influencia marcada sobre
la disponibilidad de los nutrientes. Otros materiales de origen mineral
pueden tener una cierta CIC (arenas calizas).
Las características físico-químicas de un sustrato determinan el
manejo del riego y la fertilización así como la geometría de los
contenedores en que se utiliza. Este último aspecto es tan importante
que puede hacer que para un sustrato de características físicas
mediocres se diseñe un contenedor que mejore sustancialmente las mismas.
En general los sustratos de granulometría fina deben de estar en
contenedores de mayor altura que los de granulometría gruesa.
Se define la Capacidad de Contenedor como la cantidad total de agua
que puede almacenar un contenedor, rellenado con un determinado sustrato,
que se ha saturado de agua y se ha dejado drenar libremente. Este valor
se puede determinar fácilmente en campo y es muy aconsejable hacerlo.
Para cualquier sistema de CSS lo que realmente importa es conocer la
cantidad de agua que es capaz de almacenar por unidad de superficie.
Esta cantidad no es aconsejable que sea inferior a la evapotranspiración
del cultivo (expresada en mm o l/m2) para un día de máxima necesidad.
Los sistemas de cultivo
El único material que se presenta en forma de tablas rígidas
enfundadas en sacos de plástico es la lana de roca. Este material tiene
una densidad aparente comprendida entre los 60 y los 90 g/l y una alta
capacidad de retención de agua. Las tablas tienen geometrías muy
variables. Las longitudes varían entre 1 m y 1,2 m, las anchuras entre
0,1 m y 0,25 m y las alturas entre 0,075 m y 0,1m. Esta variación
determina multitud de posibilidades en cuanto al concepto de Capacidad
de Contenedor. En Almería una de las tablas mas utilizada es la de
1,2x0,15x0,10 colocada a un marco de 2 m por 1,5 m. Esta tabla cubica 18
l. y su Capacidad de Contenedor es de unos 12 l. de agua. Como una tabla
es para 3 m2 (2x1,5) de superficie de cultivo quiere decirse que el agua
almacenada es de 4 l/m2. Los goteros se colocan a un marco de 2 m por
0,5 m y se ponen 3 goteros por tabla.
Los sacos de cultivo son un medio económico para contener materiales
sueltos y de baja densidad. La perlita es un claro ejemplo de ello. Este
material tiene una densidad aparente comprendida entre los 80 y los 140
g/l. La perlita que se comercializa para el cultivo en sacos tiene una
densidad aparente de 130 g/l y granulometría de 0 a 5 mm Æ. Los sacos de
polietileno tienen una longitud de 1,2 m y un Æ de 0,18 m con una
capacidad total de 40 l. La Capacidad de Contenedor es de 21 l. Los
marcos de plantación predominantes son, como en la lana de roca, de 2 m
por 1,5 m por lo que el agua almacenada por este sistema es de 7 l/m2.
También se comercializan sacos de cultivo con fibra de coco, pero este
material es más aconsejable ponerlo en contenedores en los que predomine
la altura.
Las cubetas de poliestireno expandido son económicas y se están
abriendo un hueco importante en el mercado de los CSS. En Almería se
están utilizando, las de forma cúbica y capacidad de 20 litros, para
rellenarlas con fibra de coco. Se ponen dos piquetas de goteo por cubeta.
La Capacidad de Contenedor es de 10 litros de agua, y para un marco
estándar de 2 m por 1 m, se almacenan 5 l de agua por m2 de superficie
de cultivo. Para el cultivo de pimiento se estrechan los marcos, tanto
si se utilizan las cubetas, como los sacos de perlita o las tablas de
lana de roca. Para el caso de las cubetas se ponen a 1,6-1,8 m entre
filas y a 0,8-1 m a lo largo de la fila.
Los contenedores de plástico rígido y formas alargadas resultan caros
y no se utilizan comercialmente en los CSS. Son válidos para ser
rellenados con sustratos de alta densidad aparente tipo arenas o gravas.
Un sistema que está teniendo aceptación en el sureste de la península
Ibérica son las canaletas para rellenar con perlita y construidas in
situ con plástico de polipropileno alveolar extruxionado. Este material
es semirrígido, se presenta predoblado en anchuras variables y se
transporta en forma de rollos que se extienden sobre el suelo y se
doblan para construir la canaleta. Las dimensiones del canal de cultivo
son de 0,24 m de anchura por 0,18 m de altura. La canaleta puede ser
rellenada con otros sustratos con la condición de que sean de baja
densidad aparente puesto que no soportan grandes esfuerzos físicos.
Cabe mencionar por último los sistemas que también se construyen in
situ y que se denominan en España “salchichas”. El sistema se desarrolló
en Murcia para utilizar como sustrato las arenas del lugar. Consiste en
la extensión sobre el suelo de filas de láminas de plástico y separadas
2 m entre ellas. El plástico es de polietileno opaco de 800 galgas de
espesor y de anchura 1,4-1,6 m. Sobre este plástico se extiende un
cordón de arena que posteriormente queda abrazado por el plástico que se
cose con sistemas mas o menos ingeniosos. Los volúmenes de arena que se
utilizan son de unos 250 m3 por Ha. La principal ventaja de este sistema
es que los materiales que se necesitan para construirlo son de fácil
aprovisionamiento y no muy costosos. Los inconvenientes están ligados a
las características del propio material. Al ser tan pesado exige
esfuerzos importantes para su manejo en el periodo constructivo. Por
otro lado, la falta de homogeneidad, tanto en las granulometrías como en
la composición química, dificulta el manejo durante el cultivo. En
general se evitará el uso de arenas con altos contenidos en caliza.
La nutrición
La solución al problema de la nutrición es muy fácil en su
planteamiento y algo más difícil en su ejecución. Esta dificultad está
muy ligada al medio de cultivo, y más directamente a la capacidad de
intercambio catiónico y a la capacidad tamponadora frente al pH. La
dificultad es creciente, desde los sustratos inertes, con un bajo grado
de dificultad, pasando por los sustratos orgánicos, con una dificultad
moderada, y llegando al suelo en que el manejo de la nutrición es algo
más complejo.
Las necesidades nutritivas de los cultivos son conocidas con bastante
precisión. Los análisis de extracción de nutrientes son un buen medio
para conocer la demanda cuantitativa y cualitativa de los elementos
nutritivos. Así mismo, y precisamente a través de la investigación en
cultivos en hidroponía, pueden determinarse con bastante precisión las
tasas de absorción de los elementos nutritivos. En sustratos inertes, en
los que hay muy poca interferencia entre la solución nutritiva aportada
y la solución nutritiva disponible para el cultivo, el problema
nutricional queda resuelto aportando los fertilizantes necesarios para
atender esta demanda una vez descontados aquellos elementos nutritivos
que el agua de riego lleva en su composición y que son conocidos
mediante un análisis ordinario.
Para las hortalizas cultivadas comúnmente en Almería, las necesidades
nutritivas son muy parecidas y de hecho se utilizan soluciones
nutritivas muy poco diferenciadas. La producción de un kilogramo de
materia seca de cualquier hortaliza demanda cantidades y equilibrios
nutritivos muy similares. Las diferencias están fundamentalmente
relacionadas, en lo cuantitativo, con la capacidad de producción de
materia seca por unidad de energía recibida, y en lo cualitativo, con la
fase fenológica del cultivo. Las etapas de desarrollo de los cultivos,
con necesidades nutritivas claramente diferenciables, son:
Una fase de crecimiento vegetativo activo que va desde la nascencia
hasta el engorde de los primeros frutos. Esta fase se caracteriza por
una alta tasa de producción de materia seca y por lo tanto una máxima
absorción de nutrientes, tanto mayor cuanto más vigoroso sea el cultivo.
Una fase de desarrollo en la que se solapa el crecimiento vegetativo
activo y la producción de frutos recolectados antes de su maduración
fisiológica. Este caso se da en los cultivos de calabacín, berenjena,
pepino, judía verde, etc. En esta fase la tasa de producción de materia
seca se ralentiza y en todo caso es muy dependiente del vigor del
cultivo. Los requerimientos nutricionales son muy parecidos a los de la
fase anterior.
Una fase de coexistencia de crecimiento vegetativo y producción de
frutos que se recolectan fisiológicamente maduros, o muy cercanos a su
maduración. Tal es el caso de los cultivos de tomate y pimiento de color
(rojo, naranja o amarillo). La tasa de producción de materia seca es
menor que en los casos anteriores. La absorción de nutrientes
globalmente disminuye y la solución nutritiva consumida se caracteriza
por una disminución en el consumo de nitratos y calcio y un ligero
aumento en la absorción de potasio y magnesio.
Una fase claramente generativa en la que predomina casi
exclusivamente la maduración de frutos y que se da en las fases
terminales de los cultivos de tomate y pimiento y sobre todo en melón y
sandia. La tasa de producción de materia seca es muy baja, tanto menor
cuanto más agolpadamente se produzca la maduración de la cosecha. Las
características de la solución nutritiva consumida por el cultivo siguen
la misma tendencia que en la fase anterior pero de manera mas acusada si
cabe.
Las aguas de riego
Para manejar adecuadamente el riego y la nutrición es imprescindible
conocer con exactitud la calidad agronómica del agua de riego. La
información que deben de proporcionar los análisis de aguas es la
siguiente:
La conductividad eléctrica (CE) en dS/m o mmhos/cm a 25ºC. Este dato
está directamente relacionado con la cantidad total de sales que
contiene el agua de riego. Su valor condiciona fundamentalmente el
manejo del riego a través del parámetro del porcentaje de drenaje. A su
vez este valor está muy ligado a la resistencia a la salinidad del
material vegetal cultivado. Aguas con una CE superior a 2 dS/m limitan
su uso para los CSS. Los sistemas de recirculación son más exigentes
para este parámetro y aguas con CE por encima de 0,7 dS/m no deberían de
utilizarse. Simplificando conceptos puede asegurarse que mayores
conductividades darán menores rendimientos y, sin sobrepasar ciertos
límites, mejores calidades organolépticas.
El valor pH de las aguas de riego está muy condicionado por su
composición iónica y, mas concretamente, por la concentración de
carbonatos y bicarbonatos. En la gama de valores de pH comprendida entre
6 y 6,5 la mayor parte de los nutrientes están mas fácilmente
disponibles para el cultivo. En aguas carbonatadas los valores del pH
están por encima de 7 y en estos casos es necesario neutralizar los
carbonatos, añadiendo ácidos comerciales, generalmente ácido fosfórico y
nítrico, para situar el valor en el entorno de ligera acidez ( 5,5 a
6,5). En otros casos, y en ausencia de bicarbonatos, el valor del pH
puede quedarse demasiado ácido y en este otro caso habrá que añadir
algún producto alcalinizante como por ejemplo el hidróxido potásico.
La cantidad de cada uno de los iones que el agua contiene puede
expresarse en milimoles por litro (mM/l), miliequivalentes por litro (meq/l)
o partes por millón (ppm). A efectos nutricionales y operativos, los
iones que deben de ser analizados son, como aniones, carbonatos y/o
bicarbonatos, sulfatos, cloruros, fosfatos y nitratos. Como cationes se
analizarán calcio, magnesio, sodio, potasio y amonio. Generalmente, y a
no ser que el agua esté contaminada, no se encuentran nitratos, fosfatos
y amonio. El potasio, si hay, está a tan bajas concentraciones que
resultan despreciables desde el punto de vista nutritivo. Deben de ser
también analizados aquellos micronutrientes que se intuya que se pueden
encontrar en concentraciones que impliquen protagonismo en el aspecto
nutricional. Un ejemplo es el del boro, que valores por encima de 1 ppm
pueden crear problemas de fitotoxicidad en los cultivos.
El manejo de la fertirrigación
Realizados los ajustes de la solución nutritiva de acuerdo a las
necesidades del cultivo, y hechas las correcciones en función de la
calidad del agua de riego a utilizar, el siguiente paso es el cálculo de
la cantidad de fertilizantes que se van a necesitar para incorporarlos
al sistema de CSS. Como las concentraciones iónicas en las soluciones
nutritivas suelen expresarse en mM/l o meq/l, las concentraciones de los
fertilizantes vendrán expresadas en mg/l.
A la hora de aplicar los fertilizantes puede optarse por dos sistemas:
el de solución nutritiva diluida y el de solución nutritiva concentrada.
Siempre que sea posible, y por las numerosas ventajas que tiene, se
utilizará el sistema de solución nutritiva diluida. Para ello es
necesario disponer de balsetas de almacenamiento de solución nutritiva
diluida que atienda las necesidades hídricas del cultivo para, por lo
menos, dos días de épocas de máximo consumo. Para Almería se estima que
para una Ha de cultivo es necesario una balseta auxiliar de entre
100.000 y 150.000 litros de capacidad. Estos depósitos deben de ser
opacos a la luz y la superficie en contacto con la solución nutritiva no
debe de modificar las cualidades de ésta. Con este sistema se simplifica
sustancialmente la operación de fertirrigación frente al sistema de
solución nutritiva concentrada.
Cuando se concentran las soluciones nutritivas es necesario disponer
de elementos inyectores que, gobernados por sondas que miden la
conductividad eléctrica, controlan la inyección en la red de riego de
los fertilizantes para que se diluyan y así obtener la solución
nutritiva deseada. En este caso siempre se recurrirá al sistema de dos
tanques por solución nutritiva para inyectar el 50 % de cada uno de
ellos. La necesidad de dos tanques por cada solución nutritiva viene
determinada por la incompatibilidad, a altas concentraciones, del calcio
frente a los sulfatos y fosfatos que forman precipitados insolubles.
En los sistemas de CSS, dado que se utilizan pequeños volúmenes de
sustrato y que por lo tanto hay poco agua disponible para el cultivo, es
necesario dar varios riegos en el día para atender las necesidades de
los cultivos. Ello obliga a disponer de sistemas que automaticen la
operación de riego, tanto la dotación como la frecuencia.
Para automatizar la dotación de riego se utiliza un programador de
tiempos que a ser posible tenga sensibilidad de, cómo mínimo, un cuarto
de minuto. La dotación o tiempo de riego debe de permanecer constante en
el tiempo y se determina a pié de parcela. Los parámetros que están
involucrados en ello son:
Las cualidades del sustrato y más concretamente la Capacidad de
Contenedor.
El porcentaje de drenaje que se va a manejar durante el cultivo.
El porcentaje de agotamiento del agua disponible que se elija para la
reposición.
Las frecuencias de riego hay que ir variándolas para acomodarse a las
necesidades del cultivo según se modifiquen las condiciones climáticas y
las fases de desarrollo del mismo. La automatización de este parámetro
puede hacerse con un calendario diario que permita programar los riegos
en horarios prefijados y que deben de acomodarse a la curva de
necesidades del cultivo. En un día despejado las necesidades hídricas
tienden a concentrase en las horas del mediodía solar.
Sistemas más sofisticados, pero no más precisos, pueden ser
utilizados para la automatización de las frecuencias de riego. Entre
ellos está el sistema de radiación solar, las bandejas de demanda, las
bandejas que cuantifican el drenaje, etc. En cualquier caso, todo
sistema de control del riego debe de tener como finalidad el suministro
del agua para que se obtengan los porcentajes de drenaje preestablecidos
y para cada uno de los riegos que se aporten.
El control de la fertirrigación
El éxito que se pueda obtener con los CSS está directamente
relacionado con el tiempo que se dedique al control del aporte del agua
y los nutrientes. Para el caso de utilizar el sistema de solución
nutritiva diluida se simplifican mucho las cosas y la atención hay que
prestarla, fundamentalmente, al control de la operación de riego. En el
caso de los sistemas de solución nutritiva concentrada debe de dedicarse
una parte importante del tiempo al control del equipo de fertirrigación.
En un punto de control se muestrea un gotero y dos unidades
consecutivas de cultivo (dos sacos, dos tablas o dos cubetas). Las dos
unidades de cultivo están sobre una plataforma que permite recoger el
agua drenada en un recipiente. Todos los días se recoge el agua del
gotero y el agua del drenaje y se cuantifica y calcula el porcentaje de
drenaje. Se miden los parámetros de CE y pH y se anotan todos estos
datos en un estadillo que nos permita visionar, por lo menos, los datos
de una semana. De esta forma pueden apreciarse las tendencias y tomar
decisiones respecto al manejo del riego y la nutrición.
Un protocolo de actuación, frente al manejo del riego y la nutrición,
puede ser el siguiente:
Se fija como objetivo prioritario el mantenimiento de un determinado
porcentaje de drenaje con un rango de actuación de ± el 20 %. Por
ejemplo un 25 % de drenaje, oscilando entre el 20 y el 30 %. La elección
de este valor está condicionado por la calidad del agua de riego, el
cultivo y las cualidades físicas del sustrato.
Se fija como objetivo secundario el mantenimiento de un valor de CE
en el drenaje con un rango de actuación de ± el 10 %. Por ejemplo una CE
de 3 dS/m, oscilando entre 2,7 dS/m y 3,3 dS/m. El valor de la CE del
drenaje está condicionado por la CE de la solución nutritiva aportada y
el porcentaje de drenaje manejado. Es muy difícil mantener una CE en el
drenaje de 2,5 dS/m cuando se aporta una solución nutritiva de 3,5 dS/m.
Se aporta una solución nutritiva ajustada a las necesidades del
cultivo y condicionada por la calidad del agua de riego utilizada. Esta
solución nutritiva tendrá un valor, que se puede denominar CEsn y, que
será el resultado de sumar, a la CE del agua de riego (CEa), la CE de
los fertilizantes aportados (CEf). La CEa suele permanecer invariable en
el tiempo así que para el manejo de la fertirrigación se actuará sobre
la CEf y se podrá variar en un rango de actuación de ± un 30 % del valor
de partida. Por ejemplo una solución nutritiva elaborada con un agua de
riego de CEa 0,5 dS/m da una CEsn de 2,2 dS/m. Por lo tanto la CE
aportada con los fertilizantes (Cef) será de 1,7 dS/m. Para ajustar los
parámetro de la fertirrigación la CEsn oscilará entre 1,7 dS/m y 2,7 dS/m
(0,5 dS/m ± el 30% de 1,7 dS/m).
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Teodoro Moreno Iniesta, Instituto Nacional de Empleo, Centro de
Formación Profesional Ocupacional de Horticultura, C/ Remata s/n - CP.
04007 / Almería, ESPAÑA. Telefax: (34) 950 24 48 33. morenote@wanadoo.es
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